Dieta Neutropénica: Una Historia no Contada

by Mila Loza on agosto 8, 2016

Jeff Tomczek, un sobreviviente de Leucemia Limboplástica Aguda, nos cuenta sobre su experiencia con la dieta neutropénica luego de un trasplante de células madre. Jeff, como otros pacientes de cáncer que pasan por un trasplante de células madre o quimio, se sintió como que estaba en la dieta “no puedes comerlo”. Son historias como esta que nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos. Creamos saludables recetas para la dieta neutropénica para que usted obtenga nutrientes muy necesitados mientras se mantiene a salvo. ¡La mejor parte es que también puede ser deliciosa y satisfactoria!

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Vea la historia de Jeff:

La comida es quizá el tema más universal. Todos debemos comer. Sin embargo, la manera en que nutrimos nuestros cuerpos difiere drásticamente en escala individual, primordialmente debido a la educación y el ambiente. En mi propio caso, tuve suerte de crecer con toda la comida que podía comer en el hogar estilo rancho de Wisconsin de mi familia. Las comidas caseras balanceadas preparadas por talentosos padres que amaban estar en la cocina eran lo normal. Una despensa amplia llena de golosinas estaba abierta 24/7. El refrigerador estaba lleno de sodas y jugos. Era tan abundante que mis amigos llamaban mi casa el “supermercado”, ya que nunca habían visto tantas opciones en una casa.

En la universidad, comencé a apreciar más la preparación de las comidas. Había obtenido el gen de cocina, y cocinaba y hacía parrillas regularmente en mis apartamentos de Minneapolis. Ponía poco pensamiento en los aspectos saludables de lo que estaba comiendo. Sólo quería que fuera delicioso y accesible: hamburguesas, tacos, pasta, omeletes, etc.. Ciertamente no tenía problemas para alimentarme, y era tan activo jugando racquetball, basketball, fútbol y haciendo ejercicios que mi metabolismo podía procesar un plato adicional de nachos o una jarra de cerveza artesanal. Era bueno ser joven.

Luego, a los 25, me mudé a Nueva York (una de las capitales de comida del mundo), y descubrí la gloria de la comida para llevar, envíos, y cultura de cenas metropolitana. Martes de Thai, Miércoles Mexicano, Viernes de Sushi, Domingos Griegos… el único reto que tenía problemas en superar era decidir dónde comer. También comencé a preocuparme más por lo que comía, desde el punto de vista de nutrición. Los neoyorkinos tienen una tendencia a comer bien, pero con su salud en mente. Era una excitante nueva idea para mí que las comidas podían ser deliciosas y saludables.

Todo eso cambió cuando mi vida de consumo descuidado frenó por completo a los 27 años. Era Junio de 2011, y uno podría decir que el tenedor se clavó entero en la calle cuando me vi enfrentado a otro tema universal: la enfermedad. Luego de meses de “sentirme mal”, entré a una emergencia y, días después, salí con un diagnóstico de Leucemia ALL. Además del sentimiento de profunda angustia y sorpresa, se me dijo que tendría que cuidar lo que comía. El protocolo para tratar la ALL involucra mucha quimioterapia y, eventualmente, radiación de cuerpo completo y un trasplante de células madre. Estos eventos devastan el sistema inmune, haciéndole prácticamente inútil. Usted puede equipararlo a tener un Yorkie Teacup para cuidar su casa. Podrían parar una invasión de pulgas, pero las ratas le pasarán por un lado sin preocuparse. Por lo tanto, tuve que ceder el control de mi dieta a profesionales.

Con las defensas bajas, el cuerpo es susceptible de muchas enfermedades que se transmiten por la comida, y los médicos siempre recetan dietas neutropénicas que tienen una regla principal: nada fresco. Si no es pasteurizado, purificado, filtrado, procesado o cocido, es muy probable que no esté en el menú. Hay simplemente demasiadas bacterias en la comida fresca. Por el contrario, alimentos que usted nunca pensó comer se vuelven la noma: carne y arroz sobre-cocidos, chucherías de bolsa como papas y galletas, etc. Las ensaladas están fuera, y la pizza quemada está adentro. Cualquier cosa cruda era la última opción posible. Nada de alcohol. Nada de carne para sándwiches de almuerzo. La dieta neutropénica podría cambiar su nombre a la dieta “Usted No Puede Comerlo”.

¿Así que, cómo alguien que ama la comida opera en un rango tan limitado de artículos y se mantiene nutrido en un tiempo crítico cuando su cuerpo está deshaciéndose y necesita combustible para luchar? No es fácil. Toma muchas calorías estratégicas (las latas de Ensure son el método bebible rápido que los doctores recomiendan), y mucho usar el microondas y una aceptación de que cualquier cosa que usted esté ingiriendo probablemente no será tan sabrosa, pero es crítico para la recuperación. Usted también tiene que aceptar que una uva mala puede arruinar una semana.

Mientras que usted es paciente internado las enfermeras se ocupan de que cumpla la dieta neutropénica, alimentándole con el misma blando menú todos los días. Se pone aburrido luego de una semana. Luego de un mes, comenzará a tener fantasías sobre todo lo que amaba comer. Los antojos por comida que usted una vez tomó por dadas se hacen vívidos sueños que casi puede saborear. Los míos eran sobre burritos, fro-yo, sashimi y ensaladas de melón. Por supuesto, su bandeja de cena se le lleva con un sándwich de mantequilla de maní con jalea, y usted quiere gritar.

Como un paciente de alta, usted será responsable de lo que tiene su bandeja, y los riesgos que ello implica. Usualmente, no valen la pena. Yo tuve que aprender por las malas, con una infección que me puso en el hospital por 5 días de nuevo, incluso meses después de mi trasplante, cuando me contagié con e-coli. Sin necesidad de decirlo, no se recomienda hacer trampa en la dieta neutropénica. No perdona fácilmente.

Al final, perdí casi 30 libras en la dieta neutropénica. Mucho de ello se puede atribuir al trasplante, pero al menos un pequeño porcentaje de culpa tiene que ser asignado a la dieta. Simplemente no hay alternativas sabrosas a las comidas frescas que tomamos por sentado en nuestras vidas diarias. Eventualmente, me cansé de comer simplemente por eso.

Yo comparo el día que finalmente su oncólogo le declara lo suficientemente sano para volver a comer normalmente con el último de día de escuela cuando era niño, cuando un mundo de oportunidades se abre para nosotros. Cada bocado sabe mejor que el último. Cada comida trae nostalgia a su paladar. También es afortunado que en esta etapa, la mayoría de los pacientes necesitan reponer el peso perdido. Toma varios meses de comer sin culpa para lograrlo.

Luego, un día, todos aquellos que somos afortunados de llamarnos sobrevivientes, volvemos a nuestro viejo ser, y la comida vuelve a ser rutinaria. Volvemos a las ensaladas y fruta fresca. Comemos carnes ligeras y sushi. Nos detenemos en Pinkberry & Chipotle sin preocupación. Incluso así, aún tomo un momento antes de comer para apreciar lo que está en mi plato, mucho más que antes.

Mi trasplante de células madre ocurrió un día antes de Acción de Gracias. Ello cambió el nombre de dicha fecha, para siempre, al “Día Cero”… un término médico para el día del procedimiento. El próximo día se conoce como “Día Uno”, o el día de su renacimiento. Anualmente, esto hace la Acción de Gracias mi nuevo cumpleaños (otra tradición en los hospitales de cáncer). Entonces, cuando se prepara la cena de esta fiesta tradicional, mi tenedor siempre está lleno, y nunca desprecio ni el más mínimo bocado. Sí, tengo mi torta, y también la como.

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