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Entrevista con Hans Rueffert- Tercera Parte

by Ayleen López on December 5, 2016

La etapa 3 del cáncer gástrico del Chef Hans Rueffert le llevó a perder todo su estómago y cambió la forma en que come para siempre, una ironía que no se puede perder en él teniendo en cuenta su carrera. En este artículo, Hans nos habla sobre las lecciones que aprendió acerca de los alimentos desde su cirugía y el mensaje que le transmitió a sus hijos.

Yo creo en que los niños participen en la cocina. Tan temprano como los 3 a 4 años de edad mis hijos estaban involucrados en la preparación y toma de decisiones. No les dejaba a rienda suelta, pero les daba a elegir si deseaban calabaza amarilla o calabaza verde. Limité la toma de decisiones, pero les daba poder dentro de todo. Cuando cultivas tus propios alimentos e involucras a los niños sienten que no es sólo una berenjena es su berenjena. Si lo vieron crecer todo el camino hacia arriba, se excitan. No todo el mundo puede hacer eso, pero al visitar el supermercado puedes tener la ayuda de tus hijos al seleccionar esa verdura en particular que deseas comprar. También puedes utilizar aplicaciones para averiguar cómo seleccionar los mejores ejemplares (por ejemplo, observando el color o textura) y dejar que sus hijos se involucren pues les ayudará a entusiasmarse con la comida.

Piensas que en las culturas donde viven múltiples generaciones en una misma casa, todos ayudan. Los niños tendrán lentejas y todas esas cosas ya que es lo que seleccionan. Cuando la gente dice ‘mi hijo sólo come McDonalds‘ yo pienso, ¿de dónde sacan eso? Hay veces que tienes que ir por un servi carro y no me siento mal por eso, pero que sea la excepción y no la regla. Todavía creo que hay un mercado para la calidad sobre la cantidad y así es como he tenido que cambiar mi vida sin estómago. Tengo que elegir mejor, no más.

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Sabía que mi comida antes de la cirugía podría ser mi última comida durante mucho tiempo. Fuimos a un restaurante de comida mexicana y me atragante mucha comida. Pedí un plato gigante de fajitas y me lo comí hasta que estaba miserablemente lleno pues es lo que estaba acostumbrado hacer. Después de la cirugía estuve en el hospital sin comida durante siete semanas y lo único que podía pensar era en comida. Me di cuenta de que desperdicie mi última comida, fui por la cantidad sobre la calidad. Debi haber sido mucho más feliz con unos higos frescos, un par de rebanadas de quesos duros, gotas de miel y un poco de pan crujiente. Hubiera sido mucho mejor para una última comida que un montón de buenas fajitas. Así es como ahora trato de comer y por eso el título del libro es ‘Eat like There’s No Tomorrow’ (comer como si no hubiera mañana). La idea es que si usted se entera de que será su última comida, estará orgulloso de lo que comio. Si la respuesta es no, trate de dirigir su nave al lugar que le hara más feliz.

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