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¡Coma! ¡Coma, de una vez!

Por Mila Loza • marzo 21, 2018

Nada como una bola de matzoh o sopa de Knaidal conocidos como la penicilina judía. Son comidas nutritivas y reconfortantes que son amadas en las reuniones familiares de Pascuas, pero también en el otoño e invierno.  

Nadie ha probado que esta poción cura lo que le duele, pero no se lo diga a su tía Rachel. Las protagonistas de la sopa son, por supuesto, las bolas de matzoh, simples empanaditas hechas de pan sin levadura, sabrosas pero no muy cargadas. Llenan, pero son fáciles de digerir, lo que hace de esta sopa un plato clásico durante el tratamiento.

Como otras sopas de pollo, esta tiene un efecto restaurativo. Nuestra receta de la clásica sopa de matzo es rica en antioxidantes, y a pesar de que los tradicionalistas (como la Tía Rachel, por ejemplo) pueden quejarse de añadir chirivías, brócoli, hongos, zanahorias y espinacas a la sopa, los vegetales añaden riqueza, color y vitaminas A y C.

Se piensa que los antioxidantes ayudan a proteger la salud neutralizando radicales libres en el cuerpo. Los vegetales también añaden fibra, buena para mantener una digestión saludable durante el tratamiento, y la espinaca añade algo de hierro, lo que le ayuda a mantener su energía.

Las bolas de matzo (Knaidlach en Yídish) en esta receta son particularmente esponjosas – y ricas – gracias al uso de aceite de canola en lugar de grasa de pollo.

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